La Vía Lactea

Destellos en la noche

Tras abandonar el bosque encantado poblado por sus ya recientes amigos los Wiwichus, nuestras criaturas mágicas continuaron su camino hacia el reino de El Corralón. Continuaron andando durante un tiempo, conociendo nuevas tierras y nuevas ciudades en las que encontraban seres de todo tipo. Continuaron el viaje todas juntas, ayudándose unas a otras y animándose en los momentos difíciles.

Una noche, cuando la noche estaba en calma y no había nube alguna en el cielo, una pequeña criatura elevó la mirada al cielo y se quedó sorprendido ante la preciosa imagen que estaba contemplando. La oscuridad de la noche estaba bañada por la luz de millones de estrellas que bailaban en el firmamento y, animadas, acompañaban a la luna en su misión de alumbrar la tierra.

El pequeño, inundado por la excitación del momento, fue ser a ser animándoles a elevar la mirada y compartir con él aquella preciosa imagen. Los más ancianos del lugar, conmovidos por los ánimos y la escena, les llamaron al centro y, sentándose en un gran círculo, comenzaron a contar historias antiguas de dioses y héroes del universo. Hablaron de las constelaciones, las estrellas que servían de guía y ubicación para los héroes y de los planetas, que acompañaban a todas las criaturas de la tierra en su eterno girar en el universo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *