De nuevo, enhorabuena a algunos padres… porque vuestros hijos han desarrollado la habilidad de transformarse ¡en peces!
En las pozas de Piedralaves, el agua estaba limpia y fresquita, ideal para bajar la temperatura del cuerpo y que entrasen ganas de algunas chuches y más helados. Además, al lado de las pozas había un puesto de regalos artesanales, que les encantó a todos. La mayoría volverá a casa con el cuello adornado por un precioso ópalo, algún ojo de gato, ágatas, amatistas…
También en la piraguas se pudieron bañar, aunque no se cayesen de ellas, en la orilla donde se subían a las barcas pudieron remojarse y buscar piedras. Las piraguas eran de dos o tres personas, lo que significa que tuvieron que hacer acopio de toda la sincronización que pudieron para poder avanzar con sus compañeros, pero al final siempre merece la pena. Mientras remaban por el río, a los lados se dejaban ver unos acantilados increíbles, y algún que otro buitre entrando en las cuevas. ¡Un paisaje de película!



